**TODO LENGUAJE ES POLÍTICO.

Acerca de la (nuestra) necesidad de un lenguaje no sexista

Cátedra Abierta de Género.Trelew**

Pretender analizar, aprobar o rechazar el uso del lenguaje no sexista o inclusivo desde la visión normativa, represiva y censora de la RAE (Real Academia Española) es como pretender probar la existencia de dios aportando como única evidencia las palabras de la biblia. Eso sí que representa una INCONSISTENCIA. Así, con mayúsculas. La creación de la RAE tuvo como principal objetivo imponer la norma del “buen hablar”, es decir normalizar la lengua y su uso sin más argumento que el ejercicio violento del poder. Todo lo que quedaba fuera de esa norma debía ser reprimido, prohibido o, lisa y llanamente, eliminado. Así fue que el euskera, el catalán, el gallego entre otras lenguas peninsulares y las miles de maravillosas lenguas que los pueblos originarios de las colonias españolas de ultramar utilizaban desde hacía siglos, vieron su uso limitado al ámbito privado y clandestino, so pena de castigo o muerte. La RAE fue/es un brazo del imperio, de la colonia que se desplegó con paso genocida por el mundo. Ni más ni menos. ¿El accionar de la RAE fue/es política? Sí, ¿es ideología? Claro. El uso del lenguaje inclusivo (las/los, @, x, e) es una respuesta ideológica y política de millones de mujeres y géneros no binarios que vienen desde hace siglos luchando por eliminar la desigualdad de género que, aunque les cueste una enormidad entender a lxs guardianes del “buen hablar”, comienza con la palabra, comienza en la palabra. Si lo pensamos fríamente, es bastante lógico que los fundadores de la RAE hayan normalizado el genérico masculino. Las mujeres por entonces (poco ha cambiado) prácticamente no tenía derechos civiles, no tenían status de ciudadanas. No tenían intervención política, no se les permitía organizarse colectivamente ni participar de la elección de sus representantes, no podían ser propietarias de bien alguno, no podían estudiar, su vida pública era controlada por hombres y sus padres (no sus madres) elegían con quien debían casarse. Ni que hablar de otras identidades sexo-disidentes, ¡si ni siquera existían en sus categorización binaria y jerarquica del mundo! ¿Por qué incluirles en la lengua si “no existían”? ¿En qué situaciones públicas serían convocadas o evocadas o mencionadas o consultadas o requeridas o felicitadas o denostadas? En ninguna, de manera que -dijeron los chicos de la RAE- apliquemos el principio de la economía de la lengua y mantengamos lo masculino como genérico. Ahora, demos vuelta la primera pregunta: ¿Incluirles en la lengua para que existan? Lo que aplicaron los muchachos de la RAE no fue el principio de economía, sino el principio de necesidad. Era necesario que las mujeres y otras identidades sexo-disidentes mantengan status de “no existencia” política y pública. El lenguaje inclusivo es más trabajoso y viola el principio de economía, tienen razón en eso lxs paladines de la gramática, pero impone el principio de necesidad. La necesidad de las mujeres y no binarios de ser visibilizadas, de ser dichas, de ser narradas; la necesidad y el derecho de una existencia política y pública plena. Analicemos un ejemplo para echar luz a lo que se viene diciendo. Analicemos la siguiente frase: “La crisis golpea duramente a los argentinos”. Es una frase gramaticalmente irreprochable que podría aparecer en cualquier medio de comunicación y que describe una verdad comprobable. Pero ¿dice toda la verdad? Veamos. La desigualdad de género es estructural y una necesidad primordial del sistema capitalista-heteropatriarcal para sostenerse y expandirse. Las mujeres cobran menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, o trabajan más que los hombres por el mismo sueldo, y son las víctimas predilectas de la precarización y la explotación laboral en todas sus formas. Si tienen hijxs o piensan tenerlxs o están embarazadas o no son jóvenes o no cumplen con determinados cánones de belleza hegemónica, les va a costar mucho conseguir trabajo y si lo consiguen tendrán que esforzarse el doble que los hombres para que su labor sea reconocida y poder así ascender en el escalafón (techo de cristal). Aunque consigan trabajo, no podrán desentenderse de la responsabilidad histórica y exclusiva de cuidar el hogar (limpieza, compras, comida, etc) y del cuidado de hijxs, nietxs y ancianxs de la familia. Podríamos seguir, pero baste como muestra estos ejemplos de desigualdad de género que, nadie puede dudarlo, se profundiza durante una crisis económica. Es decir, que la frase “La crisis golpea duramente a los argentinos” no dice toda la verdad, porque la crisis no golpea por igual a los argentinos y a las argentinas (y mucho menos a mujeres y no binarios migrantes). A esa frase le falta la verdad de las mujeres -aún más mujeres trans- que son mucho, pero muchísimo más golpeadas por la crisis que los hombres. No por nada se habla de la feminización de la pobreza. Además, son las mujeres las que más resistencia oponen a la crisis. ¿Ah no? ¿Quiénes atienden mayoritariamente los comedores, los merenderos, los roperos comunitarios, los clubes de trueque o les llevan asistencia a lxs viejxs que no pueden salir de su casa o se organizan para asistir a personas en situación de calle? ¿Quiénes, mayoritariamente, hacen pan, tortas, empanadas para vender o se las rebuscan como pueden para sostener su casa y organizarse para auxiliar a sus vecinxs? La frase en cuestión no da cuenta de la desigualdad de género como no da cuenta de la resistencia y de la lucha de las mujeres. Lo que no se dice, no se piensa y si no se piensa no se puede cambiar. El lenguaje no sexista viola (por el momento) el principio de economía de la lengua, pero respeta el principio de necesidad. Para decirlo de otra forma, es el lenguaje que SE NECESITA para comenzar discursivamente a eliminar la desigualdad de género, la violencia machista, la opresión de las mujeres. El lenguaje inclusivo es, por tanto, una herramienta de lucha y su aplicación consciente un acto de justicia.

Lxs puristas del idioma, tan proclives a despolitizar todo (o mejor dicho a defender las reglas del poder), incluso algo como el uso de la lengua, que no puede ser más político, tendrán que entender alguna vez que, cuando de lenguas se trata, el pueblo manda. La lengua es un ser vivo y es del pueblo que la usa, la hace y la deconstruye como su necesidad y su realidad lo mandatan. Lxs puristas deberían dejar de desgarrarse las vestiduras ante cada “aberración idiomática” que el pueblo perpetra contra su sacrosanta lengua, porque, al fin y al cabo, el español no es mucho más que una degradación del latín que usaban delincuentes. Deberán entender que el problema no es que las militantes sociales y feministas NO ENTIENDEN que el genérico masculino las incluye, el problema es que el genérico masculino NO LES INCLUYE. Por último, no les va a quedar otra que ACEPTAR al lenguaje inclusivo, porque LLEGÓ PARA QUEDARSE (y seguir mutando) y no hay nada, escuchen bien, nada que puedan hacer para evitarlo y este es otro triunfo de las mujeres y otros géneros no binarios organizades.